domingo, 16 de abril de 2017
Las diez de la noche,
paseando al lado del Arlanzón.
Un pato mandarín
se deja,
de forma elegante,
arrastrar
por la corriente.
Al llegar a un salto de agua,
pensándoselo
dos veces,
cambia de sentido,
nada contracorriente.
Todo...
con elegancia.
Le contemplo
con cariño,
le dedico
un cua- cua.
Un señor
que me observa,
me advierte del error
por confundir
un pato con un perro.
No terminó
de hablar...
cuando el pato
me dirigió un
cua-cua.
Por saber
si era respuesta
o pura casualidad,
desde la barandilla,
continué
con mi cua-cua.
Y allí me ví
en plena conversación.....
inmersa
en el lenguaje patuno.
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