miércoles, 5 de abril de 2017
Ya no busco
nada.
Soy todas las posibilidades.
Decido
en este instante,
lo que quiero vivir.
Cultivé mi huerto
que me ofrece
las mejores frutas
y verduras.
Entre los árboles frutales,
me dirijo,
con un plato de loza vacío,
al cerezo.
Deposito,sobre él,
una a una las frutas,
sintiendo
su delicado tacto
y disfrutando
de toda la gama de color.......
rojos, granates, rosáceos.
Ya está repleto.
Me siento
sobre una piedra,
con el plato
sobre las piernas
pegado al regazo.
Miro al mediodía.
Las voy introduciendo
una a una
en la boca.
Saboreando
cada una ,
hasta vibrar
de placer.
Cuando finalizo
el almuerzo,
abandono el plato
sobre la piedra.
Me dirijo al cerezo,
le rindo un saludo
ceremonioso
y le agradezco
su generosidad.
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