Al acostarme
un buen día,
agujas,
del somier crecidas,
taladraron
mis espaldas.
Desperté.
La sangre
se derramó.
Después
de lo acontecido,
con los ojos
bien abiertos
y la savia
renovada.....
la Naturaleza
se me hizo
redonda.
Ella acarició
mi alma
infundiendo
"el soplo de vida".
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