Mi corazón
triste,
apesadumbrado,
solo veía
los tocones
de los árboles talados.
Poco a poco,
el sol calienta,
mis ojos
se abren
a los insectos,
a las rosas
cuyos capullos
ya apuntan,
a los trasparentes cielos
que se ensanchan
más allá
de las montañas.
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