Trenes desangrados,
abarrotados de desesperación,
de angustia,
de sin razón.
No hay pañuelos al viento,
ni blancos,
ni de color.
Se los tragó
la blanca nieve.
El corazón helado
de quien más allá
del espacio y tiempo
anda contemplando
el negro espectáculo.
Dorita.
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