La palabra Amor,
amante del verano,
andaba tranquila
paseando por el acantilado.
Alegre,
ensimismada,
el viento
la despeinada.
Por una ráfaga de nordeste
el equilibrio
perdió.
Unos niños la vieron
por las rocas
descender.
Unos ancianos
afirmaron
sobre la mar
a lo lejos andar.
Marineros
que al Carmen subieron
con sus barcos han salido
a ofrecerla
sus navíos
y así ayudarla
a Santander retornar.
Dorita.
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