Se te acerca
desvalida,
desarmada,
pidiendo tu compasión.
Con su tierna,
con su hermosa carita,
te arranca
el abrazo y la ayuda.
Afirma
no tener techo.
En tu casa la introduces
dándola
alimento,
cobijo.
Así sin enterarte
se transforma en una tirana.
Se hace dueña y señora,
tú terminas
siendo esclava.
Solo sabiendo que es humo
y que todo fue un engaño,
recuperarás la vida
y vivirás con alegría.
Dorita.
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