Ya nadie recuerda
los rascacielos máquinas,
tanques de guerra,
de destrucción.
¡Ha llovido tanto,
desde entonces!.
La memoria
se fue pulverizando
como polvo las hojas,
las ramas,
se hicieron.
Los robustos tocones
todo resistieron.
Entre la tierra quemada
vuelven
los marcadores.
Los nuevos marcadores
anunciando,
sí, anunciando,
la buena nueva
de la ingeniería.
La moneda de cambio
acabar con la resistencia.
Llueve sobre mojado.
Dorita.
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