A doce kilómetros de Aguilar.
Me adentré
buscando+ que arte.
Quién sabe qué.
Despoblación.
Nadie.
Ni un alma con quien intercambiar palabras.
Atravesé el primer arco,
casi de medio punto,
con un pequeño estiramiento.
Frente a la puerta cerrada
el demonio se vuelve.
No era el caso.
Pude ver un minúsculo pestillo
a una cadenita engarzado.
Y se abrió.
Cartelito......
Cualquier ayuda
agua del cielo para la reconstrucción.
Antiguo buzón oxidado,
de forma chapucera atado
con descomunal cadena y su 🔓
a una estructura de piedra.
Pequeño y sobrecogedor receptáculo.
Tan solo un altar de piedra.
El envolvente luz y piedra.
Luz la justa
para junto al altar
saborear la gloria.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario