La luna bajó a la calle
buscando con quien hablar.
Andaba solita en el cielo,
agotada de caminar.
La luna desde lo alto
de un gallardo mozo gitano
le dió por enamorar.
Le cantó dulces canciones
de romero,sal y azahar.
Aquel hombre aceitunado
rendido cayó a sus pies.
Vagaba todas las noches
preso de un amor de hiel.
Era un amor imposible
que acabaría con él.
Pero aquella noche estrellada
de amapolas encarnadas,
nacaradas caracolas,
de alhelí y colibrí.
Quiso el destino
que la luna y el gitano
bailarán por soleares,
cantarán el cante jondo,
se unieran en uno solo.
Y desde entonces
la luna y ese gitano
ya no saben donde viven.
Si en la tierra
o más allá de las estrellas.
Dorita.
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