Me sentí atada.
No quise ver que lo estaba.
La soga,
apretando mi enrojecida garganta,
logró la lengua
de sus casillas sacar.
Desvarió.
Todo el miedo escapó
con tanta presión
que nada dentro quedó.
Sin él
y sin sus negros pensamientos,
fue la libertad
quién de mi casa tomó posesión
perfumandola de responsabilidad.
Dorita.
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