Contemplando
las rojas ciruelas colgando,
no sentí la añoranza
de la última primavera.
Pero ya
estrelladas están todas ellas,
bajo los viejos ciruelos.
Por doquier,
bailando las hojas
de múltiples colores,
todo un espectáculo.
En el borde de los caminos,
los primeros níscalos.
Todo indica
la toma de posesión del otoño.
Ya,
no hay marcha atrás.
Solo algunas florecillas,
aquí y allá,
mostrando sus caritas asustadas.
Nada,nada,
toca estoicamente la espera
de una nueva primavera.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario