Después de aquel tiempo
de sequía.
Mi cerebro...
en ovillo convertido.
Mis brazos...
palos secos extendidos.
Mi cuerpo...
a duras penas
lograba su verticalidad.
Aquí llega....
la lluvia de verano
sacando de la tierra su perfume
de rosas,
de lirios,
de azucenas.
La tierra polvorienta
se ha empapado
asegurándome
miel y mosto
un día.
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