Al pasar junto a un álamo desnudo,
unos deliciosos trinos
llegaron a mis oídos.
Alcé la mirada al cielo.
Allí sobre una rama,
un mirlo,
sintiéndose por mi admirado,
se arrancó
con los más bellos
sonidos.
Al ver acercarse
a unas conocidas,
las invité
a escuchar...
al solista al aire libre.
Él, desde las alturas,
me contemplaba
desgañitarme explicando,
como su canto
de contra alto
me deleitaba.
Cuando, al fin,
se estableció el silencio.....
el pajarito voló.
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