Ya van cayendo
las hojas;
viejos vestidos ajados
que el viento y el agua
se van llevando.
Ya van quedando los árboles
esqueléticos.
No tristes.
Nadie se les acerca
en busca
de primaveral belleza,
de sus frutos en estío;
poco a poco
invisibles,
solitarios.
Viviendo solo
de la savia
que late,
que respira;
que vive y revive
esperando
una nueva resurrección.
Dorita.
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