Plantó árboles,
gozo viéndolos crecer.
En esta tierra prodigiosa,
donde el calor y
el agua
fluyen transparentes,
las plantas gozan jubilosas;
día a día van estirando,
devolviéndome
el ciento por uno.
Así,
cuando me vaya,
los que por aquí andén
disfrutarán de este bosquetes.
Yo gozaré en sus ojos
de este prodigioso verde,
de la sombra que regalen
en verano;
sentiré ese aire puro,
cristalino,
por el que tanto estoy luchando.
Dorita.
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