La alegría no brota
del olvido,
ni de las ensoñaciones
de una mente fantasiosa,
alborotada,
altanera.
La alegría se abre camino
en el paseo;
la regalan los destellos de mil soles,
deslumbrando al verde
de la hierba.
La alegría
aplauso de los ojos
saboreando la presencia
del amigo .
La alegría se desgrana,
en la mañana,
al encontrarnos
con los que la vida quiso
colocarnos por vecinos.
La alegría
no es agua destilada
porque huele a rosas,
a jazmín
y sabe a cerezas,
a frambuesas.
Dorita.
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