La campana , del colegio,
no ha dejado de sonar;
mi niño, que está dormido,
no se quiere despertar.
Que lleguen los pajarillos
y con sus cantos y trinos
despierten a este chiquillo
que no quiere espabilar.
Que el viento, de la mañana,
traiga olores de azahar
a ver si con su perfume
logra a mi niño animar.
Que la escarcha del otoño
acaricie a mi zagal;
que su frescor sobre el rostro
le haga espabilar.
Dorita.
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