Amigo.
No sé nada de él.
Quedó dentro de mí
rodeado de chistes y bromas.
Aparentemente todo bien.
Su mujer le ponía los cuernos.
Todos lo sabían.
Él lo sabía.
Aparentando nada saber,
cultivaba
la planta de la alegría.
Un día,
tan solo un día,
me contó
lo triste que andaba su corazón.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario