No pude
y mira que me hubiese encantado
declararte mi admiración.
Tu tierno corazón,
difícilmente intuido,
forrado de papel de estraza
y atado con tramilla.
Tu actitud agotadora
no dejaba rendijas
a palabras sinceras,
a palabras amables.
El trabajo,
el afán,
devoraban las comidas
y los sueños.
Eterno anhelo
de tranquilidad y sosiego compartidos.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario