Bondad sanadora
de este instante
clavando rejonazos
a la negra guerra
humeante
de vapores putrefactos.
El plátano,
los arándanos,
calman mi lengua,
amortiguan el martilleo.
Momento inmaculado
de adolescente
aprendiendo
el coseno y el seno.
Escurridiza ternura
de quien olvidó,
a posta,
el libro en la cajonera.
Chorros de sangre
llorando tras los cristales.
Dorita.
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