Que sea
vuestra noche estrellada,
que sean vuestros árboles
que pronto estallarán en flor,
que sea
el ardor de la VIDA
que late incesante en la Creación,
quiénes protejan
vuestros cuerpos heridos,
vuestras almas cansadas,
vuestro palpitar.
Aquí,
en España,
también vibramos
con vuestro dolor,
con vuestra truncada libertad.
Las florecillas,
que de los a árboles brotan,
caen a tierra
angustiadas por la sinrazón.
El rocío y el frío
se agarran a los huesos
con el solo propósito
de hacernos despertar.
A nosotros,
los viejos,
también cansados,
sólo nos queda
rezar por la PAZ.
Dorita.
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