No puede irse.
No ha vivido.
Solo ha sabido del hálito
en el temprano instante
de un amanecer nublado.
No puede irse.
Quiere vivir.
Espera las noches de luna,
con la esperanza de acariciarla.
Seguro está
de lograrlo un día.
No puede ser,
que esa crueldad que en su sangre
se ha instalado,
logre destruir
a quien aún no ha gozado
de la plena experiencia de una vida.
Dorita.
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