El parque quedó sin niños.
El día esfumándose.
Las blanquecinas farolas
sin calentar
a los esqueléticos chopos;
las ramas balanceándose
al unísono.
Tras ellas, azules y violetas
cargados de belleza.
A lo lejos, parpadeantes luces navideñas
brindan
una estampa otoñal que enternece.
Dorita.
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