Ni ayer eran las monedas de oro,
ni hoy de bronce lo son.
Todo placer y fortuna,
en la ribera verde.
Besada por un agua,
que lejos de detenerse
va derechita a la mar.
Verde y azul
nada que ver
con el tétrico negro
que algunos
andan empeñados en vislumbrar.
Dorita.
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