Ese vivir atenta
al vibrar candente
de mi mente.
Mi alma quieta,
sin el desasosiego
de esos dedos humedos
que apagan la candela.
Al volver el rostro
hacía el profundo espejo,
sentir muy imagen fresca
dispuesta a un descanso
placido y sereno
de esos que considero
ser los hombres buenos.
Dorita.
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