Hay pureza
en el sueño.
No sé si siempre,
pero sí hay pureza.
Lejos del embriagador desgaste
de una sociedad incomprensible
que tiende a hacerse
rígida, difícil.
Allí en el sueño,
en ese enigma indescifrable
laten toda clase de experiencias.
Insólitas.
Cuando el Sol abre sus ojos,
una sutil energía
mi corazón envuelve.
El cerebro me envía
mensajes de amor.
Dorita.
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