La luna
no quiere bajar a mi alcoba.
La luna
no quiere
quedarse en mi cuarto.
Cuando se hace grande,
cuando al mirarla
el corazón se encoge,
esos días en los que los lobos aúllan
y hasta los perros
abandonados en los pueblos
hacen lo propio,
ella en silencio
se acerca a mi ventana
y desde allí
vela mi sueño.
Dorita.
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