Sigue mi mente pretendiendo
enjaularme en sus mentiras.
Ya lo hizo en el pasado.
En aquel tiempo
no era yo consciente
de lo sibilina,
de lo mezquina
que con disfraces y antifaces
gustaba deslumbrarme.
Ahora,
he logrado desvestirla.
No la gusta.
Se revela.
Me he decantado
por la verdad cruda y desnuda.
Dorita.
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