El Palacio de la Magdalena.
La Magdalena luce
victoriosa,
solitaria.
Que digo sola,
recogida,
ensimismada.
Gozosa de vivir
vestida de verde.
Sabedora
de su esplendor y belleza,
escogió
el color de la hermosura.
Ahí,
respirando la mezcla mística
del aire
que viniendo del mar
se unifica
con el del magnífico pinar,
muestra
tanta grandeza
que uno ya cree
haber encontrado el cielo,
en esta bahia sin par.
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