Las gentes,
tras el frío pegado
a sus huesos,
no osaban dejar
sus abrigos de invierno.
Creer no podían
las gélidas noches,
en pleno verano.
Tras una primavera
lanzando
llamaradas de fuego.
Llamaradas,
ya históricas,
jamás comprendidas,
destructivas.
Detrás hay manos,
cuyo apellido
es de hombre.
Que difícil digerirlo
por gentes
"normales".
La gélida noche
se ha quedado instalada
en los huesos.
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