Pude ser vanidosa,
no lo dudo.
El sentirme perdida,
en esta vida,
me ha llevado
a practicar
ese "pecado".
Sabías
que mi admiración
y cariño
eran sinceros.
No por ser expulsada
de tu vida,
he dejado de quererte
como hasta el momento,
en el que sellaste
la despedida.
El causante,
al parecer,
fue mi pareja.
Al principio,
una tranquila
aceptación
que terminó
en un dolor
profundo y duro.
Como siempre
que no encuentro
la razón,
la peor parte
se la llevó
mi corazón.
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