Vibraba, emocionada,
la centenaria alameda
custodiando
al río Vena.
Cuando la noche tomaba
un azul....
oscuro y profundo.
Se sentían las estrellas
tan cercanas.
Iban corriendo
las horas.
De sopetón ,cesó
la programada iluminación.
Instantes de regocijo,
de bienvenida al embrujo
de la noche Burgalesa.
Interminable paseo
hacía Villimar.
De repente,
entre el no agostado herbaje ,
mis ojos iluminados
fueron saltando
de farolillo en farolillo
alzados por las luciérnagas.
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