Sin encender la radio,
con el cuerpo vacío de alimento,
busco impaciente
el asalvajado jardín
detrás de los laureles.
Las caléndulas
no pierden sus flores.
Las Calas siguen mostrando
sus inmaculados mantos.
Allí,
en el remanso de Paz,
junto a los pájaros,
Comienza mi día
vibrando
con el salir atrevido del Sol.
Dorita.
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