Echo de menos
las noctámbulas guitarras,
desgarrando
lánguidas y profundas canciones.
Echo de menos
a esos sapos cancioneros.
Echo de menos
a las despedidas penetrantes,
a las despedidas sentidas.
Echo de menos,
tal vez por llevar
bastantes años en mi mochila,
una juventud vibrante,
una juventud esperanzada
a pesar
de esta pegajosa y envolvente
desesperanza.
Dorita.
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