Como puedo
seguir haciéndolo,
suenan a hueco
mis palabras.
Cuanto invento.
Si no sé
ni lo que soy.
De reojo vi los otros que me habitan.
Sé
que soy, también,
los que no me habitan.
Los que conviven conmigo,
en el barrio,
en la academia,
en el café,
los que no reconozco
pero son,
los que por
mis impenitentes juicios
me niego
a admitir que son.
Dorita.
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