La insolencia del hombre,
como especie,
al extremo.
El mar
que solía estar tranquilo,
en calma, regodeandose en su esencia,
solo de tarde en tarde
se revolucionaba.
El mar
anda loco,
tiene calentura,
se revuelve,
no comprende,
sale con exabruptos.
No,no
no está loco,
está inquieto.
La del padre que sufre,
que no descansa
por la incertidumbre de su prole.
Se le rompió la rutina.
También el bosque
palpa el peligro.
Todo se adelanta,
se acelera,
se altera.
El agua,
que obedecía a unos tiempos
por la hierba conocidos,
ha perdido el norte y la vista
no ve
las estrellas que le guiaban.
Desconcertado
no sabe si mata o sana.
Todos apuntan
al insatisfecho hombre.
Agujero negro
que todo lo absorbe y aniquila,
que no se respeta
ni a él mismo.
Dorita.
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