sábado, 10 de diciembre de 2016



El laurel gigante,

por muchos admirado,

que poco se  parece

a aquel recién nacido.


Con dos pequeñas hojas,

un día pisoteadas.

Que tan solo la lluvia,

y el dulce sol de mayo,

lograron el milagro

de  retener la vida.


Por mucho que este árbol,

sea  hoy   admirado,

allí se encuentra el otro,

el que fuera ignorado

e incluso maltratado.

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