El laurel gigante,
por muchos admirado,
que poco se parece
a aquel recién nacido.
Con dos pequeñas hojas,
un día pisoteadas.
Que tan solo la lluvia,
y el dulce sol de mayo,
lograron el milagro
de retener la vida.
Por mucho que este árbol,
sea hoy admirado,
allí se encuentra el otro,
el que fuera ignorado
e incluso maltratado.
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