viernes, 9 de diciembre de 2016



Estando en la montaña,

andando en la vereda

que tortuosa sube

donde el buitre

y el águila

respiran aire puro.


Desde donde las casas,

montes ,

valles y alamedas

se tornan diminutos.


Mirando

en la distancia

se funden

con la nada.


Allí , yo me encontraba,

presta al esfuerzo

para alcanzar la cima.


Donde se toca el cielo,

acariciando nubes.


Más fue por un descuido,

al perder el equilibrio....

con la mano siniestra

empujé la ladera.


Con solo aquel contacto....

se abrió

una enorme brecha.


Estalactitas, joyas

y ríos subterráneos

que entonando canciones.....

embriagaron mi mente.


Llevada por las voces

que  el eco retumbaba,

fui llamada al encuentro

con lo que no esperaba.


Entre las espesuras...

las fieras asomaban.


Bestias que ni por asomo

pensé que allí existieran.


Variantes de los lobos,

que a mí se me acercaban,

enseñando sus fauces,

su boca ensalivaban.


Allí, sin resistencia

al fiero desenlace.....

sentí la calma,

el soplo,

la vida renovada.


Abandoné la cueva,

a respirar  el aire

salí a la ladera.


Y contemplando el valle

sentí que ya era otra,

gozosa de la vida,

gozosa de la yerba,

gozosa de la espiga.


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