A muerte
vas luchando
con la tierra,
desgarrando pedazos
que trituras.
Guerrera infatigable
que no cejas
hasta extraer del esqueleto
el polvo
que en tu carrera embrabecida
pisas;
más cuando así lo deseas
como mujer caprichosa
te engalanas.
Disfrutas
de los más bellos parajes,
escuchando recitar
eternos versos.
A todo el que a tí
se acerca humillas.
Los orgullosos abetos,
las magnolias,
terminan
siendo pasto de tus aguas,
siendo casa
de los mundos que has creado.
Ninguna especie
queda a salvo
de tu furia;
a menos que aprenda
a pasear,
sin ser dañada,
sobre tus turbulentas aguas.
Dorita.
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