La casa de mis recuerdos
lleva la hiedra prendida.
Tiene abierta
las ventanas,
los cristales de colores
relucen como mil soles.
Las golondrinas se la acercan,
en la primavera,
en ella se quedan.
Las lagartijas
se cuelan por las rendijas.
Los helechos,
sobre el tejado,
la coronan
como a las princesas,
a las musas o las hadas.
Cada día,
los que quisieron quedarse
me invitan,
me agasajan,
me miman y de vez en cuando
me regañan.
Dorita.
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