En el lecho de un río seco,
vivían todas juntitas
muchas, muchísimas piedras.
Entre ellas una,
un sonrosado y perfecto corazón.
Envidiosas sus vecinas
no paraban de decir
que aquello no era una piedra
sino un corazón real.
Era blanda,
el agua la lograba moldear.
Para resistir la vida,
sobran las blandengues,
emotivas y simplonas.....
como tú.
La bonita piedrecita
se defendía que no era
ni rara ,ni diferente
que era una real piedra
A las desenfrenadas lenguas
no hay quien las haga parar.
Hete aquí que un buen día,
una mujer solitaria
que por el cauce paseaba
cogiéndola entre sus manos
en su bolso la metió.
No la importó la aventura.
Ni siquiera se preguntó
a donde la llevaría.
La solitaria,ya en su casa,
junto al retrato de su esposo
la posó.
Todo el amor de este mundo
en ese lugar encontró.
No paraba de decirle:
"tú eres el corazón
de quien a mí tanto amó".
Dorita.
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