La luna ya desfallece.
El azul del cielo
todo lo engrandece.
Los pájaros cantan.
La brisa
a las sonrosadas mejillas
acaricia.
El verde se extiende.
El aire rezuma aliento divino.
Un velero
sobre el mar camina.
El Sol se estremece
marcando una eburnea estela
en el agua esmeralda.
Todo dispuesto
a un profundo abrazo.
El instante
eterno.
La mente invitada
a arrancar las angustias y penas
y arrojarlos al mar.
Dorita.
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