Se acerca sin piedad.
Arrecia desatado,
colérico.
No es un toro
noble y bravo
que ,solo en la plaza,
busca salvarse
del capote y de la espada.
Lanza fuego.
Por todos temido.
Hasta el Sol
ataca enfurecido.
La Tierra tiembla,
sacudiéndose
como perro abrasado por las pulgas.
Agitado el hombre,
busca explicación
a lo que acontece.
De tal envergadura
el problema
que no hay conocimiento
que lo ataje.
Solo queda,
en un acto de humildad,
acordarse
de quien todo lo trasciende.
Dorita.
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