Al ir entrando en Castilla,
se abre la tierra entera.
Rojiza de pura sangre.
Arden los ocres y verdes.
Es el vigor y la raza
que a base de puro ultraje
se alza valiente,
se rearma
en defensa de una gente
que rara vez se levanta.
Pero cuando la guadaña
anda llamando a su casa,
ante una miseria
tan concienzudamente labrada,
calma:
"No es la hora de jaranas,
es la hora
del alimento que entra en vuestras casas.
Dorita.
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