miércoles, 28 de junio de 2017
La cigüeña
Ahí está,
mirala.
¡Qué graciosa!.
Sobre el campanario,
jugando
a la pata coja.
Pensativa,
silenciosa.
¿O tal vez,
contemplativa?.
Se pasa
horas y horas
viendo pasar
a la gente,
escuchando
el agua
de la fuente.
Allá,
en lo alto,
donde el aire
es más puro,
donde se encuentra
segura
de interferencias
y choques.
En el silencio
de la torre,
alzando su cabecita,
le da picos
a las nubes.
Ellas se ríen y ríen,
mostrándola
sus colores,
lejos de los sin sabores
de los que se niegan
la grandeza
de elevar sus ojos,
la belleza
a contemplar.
Con su porte
de Gran Dama,
su dominio
y vigilancia,
produce la admiración
de los pequeños
y grandes.
En nuestras tierras,
en otros tiempos perseguida,
hoy,
no solo respetada,
sino también bien querida,
bien amada.
Cuando llega S. Blas,
haciendo caso al refrán,
buscamos en las iglesias
su presencia,
dando la bienvenida
a otra nueva
primavera.
Primavera,
que con sus hojas y flores
rompe la monotonía
brindándonos
a los pájaros
con sus canciones.
En el verano la vemos,
por los campos de Castilla,
picoteando el grano.
Y no solo por allí,
en Reinosa o Aguilar
se adentra
entre las vacas,
admirando su pastar.
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