Yendo a casa,
Tus dos perros
tranquilos,
apacibles se acercaron,
caminando a mi vera.
Ningún movimiento,
ninguna señal de hostigamiento.
Hiciste bien
bajando la espada.
Mi mundo,
tu mundo transcurren
paralelos;
nunca se encontraron,
jamás lo harán.
Dorita.
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