Recibida
con aromas,
nacidos
de una tierra inmaculada.
Tierra
que curadas las heridas
recupera una bravura
tan solo por el corzo,
el jabalí y el águila
comprendida.
Esperaba paciente
la visita,
agasajándome
al saber de mí retorno.
Difícil de explicar
lo que el corazón siente
en el encuentro.
Algo se asemeja
al abrazo de una madre,
a la sonrisa complacida
del padre.
Es su aire,
su agua
quienes acarician
con ternura insuperable.
La tierra donde nací
no sólo sagrada
por traerme al mundo,
por estar habitada también
por los que me precedieron.
Dorita.
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