No por casualidad
el calor
nos ha llegado.
Nuestros cuerpos destemplados.
La ciudad desangelada.
Las mentes andan cansadas;
imposible comprender
como hacer para parar
al descarriado tren
que cargado va de inercia.
Todo
por delante se lo lleva.
Ahora,
cuando un nuevo Año llega,
este buen tiempo
a destiempo,
como un ángel comprensivo,
nuestro espíritu aligera.
Dorita.
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