Dijo:"sí".
Dentro de la morada
puso la mano
sobre el hombro
de quien le esperaba.
Hubo yugos,
hubo llagas;
las cadenas rotas
iluminaron los ojos
del alma que las portaba.
Volvieron,
con sus jaulas,
los cazadores
de pájaros asustados ;
al ver que habían volado
aullaron
cual cimarrones descontrolados.
Dorita.
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